A la mañana siguiente Duclack se levantó antes del amanecer. Algunos discípulos salieron a despedir al maestro, que ya esperaba en pie a su nueva discípula en el patio del templo.
Chino Juan: - Nos espela un lalgo día, Duclack.
Duclack: - ¿Llevamos el almuerzo?
Chino Juan: - No selá necesalio... Ya comelemos algo pol ahí... El ayuno hace más fuelte...
Bajaron las montañas y llegaron hasta una tranquila cala en la costa. Allí empezaron el entrenamiento descalzos sobre la arena
Después el maestro echo a correr y Duclack salió detrás de él.
Duclack: - ¡Maestro! ¿A dónde vamos?
Chino Juan: - ¡No pleguntas! ¡Sígueme!
Duclack trataba de seguir el ritmo del maestro aunque a veces no le resultaba fácil.
Duclack: - ¡Espereee!...
Llegaron hasta una zona de rocas escarpadas. Duclack sentía pinchazos en sus pies descalzos pero el maestro la instaba a concentrarse en su respiración nada más. La brisa y el olor a mar le hacían olvidar el dolor físico.
Chino Juan: - ¡Vamos, Duclack!
Pero el camino entre las rocas a veces era angosto y complicado...
Chino Juan: - Ten cuidado con la bajada, que es muy plonunciada... Entlamos en la cueva del dlagón...
Duclack: - ¿Por qué se llama así, maestro?
Chino Juan: - ¿Ves cabeza enloscada de dlagón abajo? Dice la leyenda que hasta este lugal llegó un glan dlagón que osó desafíal al espílitu del
hăi. Este lo cublió con su manto de aguas conviltiéndolo en piedla...
Duclack: - Fue un ingénuo al desafiar a una fuerza incontrolable como el mar... En mi vida pirata he tratado mucho con el
hăi o mar y sé que es hipnótico y bello pero también muy peligroso...
Chino Juan: - Mmm... Dlagón conquistó al miedo. Antes de entlar en la cueva, halemos unos ejelcicios de lesistencia en esa arena...
Duclack: - Maestro, ¿cuánto tiempo más estaremos así?
Chino Juan: - ¡Mente en blanco! ¡Lelajación!
Más tarde ambos se refrescaron en el agua que les cubría más allá de la cintura.
Duclack: - ¡Qué fresquita!
Chino Juan: - Estas aguas tienen plopiedades culativas. Aplovecha, Duclack y lelajate...
Después del baño y de secarse, díscipula y maestro se introdujeron en el interior de la gruta ...
Chino Juan: - ¡Cuidado con los desplendimientos!
Con no poca dificultad lograron subir por las rocas...
Chino Juan: - Este lugal es pelfecto. Nos quedalemos aquí un poco...
Duclack: - Sí, maestro, ¿vamos a meditar?...
Chino Juan: - ¡No, no! ¡Es pelfecto pala almozal! Aquí tendlemos sombla...
Duclack: - ¿Pero maestro de dónde sacaremos la comida?...
Chino Juan:- ¡Natulaleza tenel fuente de plovisiones!
Duclack: - ¡Maestro, tenga cuidado!
Chino Juan: - ¡Tlanquila!
Después de almorzar lo que el chino Juan encontró en la naturaleza, Duclack y el maestro bajaron de nuevo a la playa...
Allí el maestro siguió con sus enseñanzas. Duclack lo escuchaba atentamente y aprendía técnicas nuevas para vencer a sus enemigos y mirar a sus propios miedos cara a cara para superarlos. Sentía que sus palabras le llenaban más que cualquier tipo de alimento, a la vez que servían de bálsamo para sus heridas...
Chino Juan: - ¡Mente en blanco!...
Duclack: - ¡No puedo hacerlo!
Chino Juan: - ¡Lánzate!... El miedo es la plisión del colazón... La expeliencia de supelal miedo es lo más glatificante que existe...
Duclack: - ¡Qué deliciosa sensación el respirar esta brisa marina!... Ahora entiendo a lo que se refería el maestro con la historia del dragón. Creo que es hora de conquistar mi miedo... ¡Debo volver a casa!
Con la puesta del sol regresaron al templo, tuvieron que hacer un último esfuerzo para subir las escaleras que conducían hasta él...
Duclack: - ¡Espereeee, maestroooo!
Esa misma noche ya en la cama Duclack después de mucho pensar tomó una determinación. Estaba decidida, al día siguiente abriría la misteriosa puerta prohibida del templo y descubriría lo que habría detrás de ella. No iba a sentir más miedo...
Continuará...