Una semana después teníamos las maletas hechas y todo a punto para emprender nuestro viaje. Sebastián y yo habíamos podido hablar mucho acerca de cómo afrontaríamos juntos a su familia y el papel que me tocaría interpretar frente a ella. Haríamos pasar a Pradito por mi sobrina. Pradito también entraba gustosa en el juego.
Cerramos la puerta de la casa y nos dirigimos como primera parada a casa de Diamante y Sus.
Duclack: - Estas son las llaves. Tinger tiene comida y agua de sobra para al menos dos o tres días. Pero cuando vayáis a regar las plantas, le echáis un vistazo. El comedero lo tiene en el salón. Y su comida está en el cuarto de la plancha. Con sacarlo dos veces al día, una por la mañana y otra por la noche es suficiente. Si veis que se acumula el correo por la propaganda que echan, aquí está la llave del buzón también.
Sus: - Tranquila, a nosotros no nos cuesta nada tampoco de paso sacarlo. Con tantos robos como ahora hay en verano, no conviene que vean el buzón lleno.Duclack: - Gracias Sus. Eres una hermana para mí.
Pradito: - ¿Puedo despedirme de Suselle?
Sus: - Claro, están arriba. En la cocina.
Duclack: - Sí, yo quiero darle también un beso a Diamante.
Sus: - Diamante está con el electricista y los pintores arriba. Tenemos una montada con la obra... Sube y ves cómo va... Yo tengo más ganas de que terminen ya.
Sebastián: - Yo os espero aquí.
Duclack: - Ha dicho que Suselle y Dante están en la cocina. Espera, los saludo también y ahora sigo subiendo.
Duclack: - ¿Cómo estáis, niños?
Dante: - ¡Bien!
Duclack: - ¡Vaya coche más chulo, Dante!
Dante: - Es nuevo. Me lo ha regalado mi tío Wen.
Suselle: - ¡Pradito! ¡Ya te han quitado la escayola!
Pradito: - ¡Suselle! ¡Sí, el médico me ha dicho que ya podía darme el aire en el brazo! Menos mal... Me picaba más y daba un calor...
Duclack: - ¡Diamante!
Diamante: - ¡Duclack! ¿Qué te parece?
Duclack: - Habéis hecho una planta nueva totalmente.
Diamante: - Sí tuvimos que quitar el tejado de la otra y subir una planta más. Se nos había quedado pequeña la buhardilla. Ahora está el electricista poniendo las luces.
Diamante: - ¿Y tú? ¿Cómo es eso qué te vas al pueblo de Sebastián?
Duclack: - Una larga historia... Ya os contaré más despacio. De momento necesito desconectar.
Diamante: - Te vendrá bien. ¿Y el otro? ¿No ha vuelto a dar señales de vida?
Duclack: - No, no sé nada de él desde hace casi diez días. Pero tampoco quiero saber. Me dio a elegir entre Pradito y él. Y yo ya he elegido.
Diamante: - ¡Qué canalla! A ver si me lo cruzo... ¡Le voy a decir cuatro cosas!
Duclack: - No, por favor, Diamante. Prefiero que no te metas. Estoy bien, de verdad. Me duele y lo echo de menos, claro. Pero algo en mí me decía que no teníamos futuro.
Diamante: - Ven, que te enseño las habitaciones.
Diamante: - Aquí vamos a poner una salita para ver la tele o comer más recogidos. Con un sofá cama para los invitados. Ya lo hemos visto en el Klikea y es azul... ¡chulísimo!
Duclack: - Está quedando muy bien. Y me gusta que tenga el balcón. Le va a dar mucha alegría.
Diamante: - Y aquí irá el dormitorio nuestro. Así tenemos más intimidad, ahora que los niños han crecido. Además a ellos les dejamos la buhardilla entera que dividiremos en dos cuartos y ya no tienen que compartir pero están al lado uno del otro.
Duclack: - Está muy bien pensado. Me gusta.
Diamante: - Y aquí en el baño hemos cerrado las dos ventanas que había en esta pared Para un baño era excesivo tantas ventanas por todas partes. Apenas teníamos privacidad.
Duclack: - Ya le he dejado las llaves a Sus y le he explicado lo de Tinger aunque tú sabes mejor sobre él.
Diamante: - Tranquila, yo voy a sacarlo todos los días. Tinger y yo siempre hemos sido buenos amigos.
Duclack: - ¡Pradito! ¡Venga que nos vamos!
Diamante: - Bajo con vosotras.
Suselle: - Te voy a echar de menos. Pásalo muy bien.
Pradito: - Y yo a ti. Cuando venga, te contaré todo.
Diamante: - Bueno, pues traednos algo del pueblo. A ti te dejo de encargada, Pradito.
Pradito: - ¡Vale!
Sus: - Pasadlo muy bien y no os preocupéis de nada, que Tinger y las plantas van a estar bien. Vosotros a disfrutar.
Duclack: - ¡Hasta pronto! ¡Y gracias por todo!
Diamante: - ¡Buen viaje!
Pradito: - ¡Nos vemos a la vuelta, amiga!
Sus: - Vamos para dentro.
Suselle: - ¡Adiós, Pradito!
Dante: - Ya se van... ¡Menuda chula! ¡Qué se creerá porque se va al pueblo y los demás no tenemos vacaciones por las malditas obras!
Suselle: - ¡Cuidaré bien de Tinger por ti!
Llegamos a la estación de autobuses con el tiempo justo. El conductor estaba fuera fumándose un cigarro. Abrió el maletero, para que los pasajeros con maletas y bultos grandes fuéramos subiendo las cosas.
Sebastián: - Dadme las maletas.Viajera: - ¿Me podrías colocar la mía también, por favor? Me pesa tanto...
Sebastián: - Claro, deme... ¡Sí que pesa, sí!
Viajera: - Muchas gracias.
Sebastián: - No hay de qué. A mí no me cuesta nada.
Viajera: - ¡Qué amable eres! Como te he visto que estás bien fuerte, me he atrevido a decírtelo... Se nota que irás al gimnasio...
Sebastián: - No, al gimnasio no. Pero me cuido y me gusta hacer deporte...
Viajera: - Se nota, sí...
Duclack: - (¿Y esta descarada de dónde ha salido?)
Sebastián: - ¿Quiere el agua o algo, capitana?
Duclack: - No.
Pradito: - ¿Estás enfadada? (Duclack niega con la cabeza)
Pradito:- Pues tienes cara de enfadada...
Sebastián: - Sí, la verdad es que la tienes, hmm...
Duclack: - ¡Pues no lo estoy! ¡Y siéntate bien de una vez que te vas a caer en un frenazo!
Sebastián: - ¡Upps! (Mejor me pongo los cascos y me callo).
Pradito: - Vale...
El autobús salió puntual de la estación. El pueblo de Sebastián estaba a casi cinco horas. Durante el trayecto tuvimos tiempo de picotear algo.
Pradito: - ¿Queréis Doritos?
Duclack: - A ver, dame unos pocos.
Sebastián: - Yo llevo Donuts y patatillas. Y si queréis agua, aún está fresquita.
También tuvimos tiempo de quedarnos amodorrados algún rato.
Por fin el autobús llegó a nuestra parada.
Si es que aquello podía considerarse una parada. Eché un vistazo de reconocimiento del lugar y sólo vi campo y más campo a mi alrededor.
Sebastián nos ayudó a bajar.
El autobús se marchó y nos dejó allí, en medio de la nada.
Duclack: - ¿Está cerca la granja de tu familia?
Sebastián: - Tenemos que andar un poquito... Esta es la parada más cercana...
Echamos a andar cargados con las maletas. Debimos hacer más de dos kilómetros. Pradito se cansaba y Sebastián la llevaba cargada junto a su maleta.
Duclack: - ¿Estás seguro de que por aquí hay civilización? Llevamos un buen rato caminando...
Sebastián: - Sí, es por aquí. Un poquito más...
Ya no podía más, nos sentamos encima de las maletas Pradito y yo, negándonos a continuar. Con ese calor, hundiéndonos en la tierra y cargadas era insoportable. Empecé a rezar por un milagro que nos transportara automáticamente hasta nuestro destino.
Sebastián: - ¡Vamos, chicas! Ya casi hemos llegado...
Por suerte el milagro llegó.
Sebastián: - Pues vais a tener suerte...
Pradito: - ¡Un burro!
Sebastián: - Quizás ya no tendréis que andar más.
Duclack: - ¿Estás pensando en subidnos ahí?...
Severiano: - ¡Soooooooo! ¿Eres nieto de la Venancia y el Casimiro?
Sebastián: - Sí, soy Sebastián. De los mellizos.
Severiano: - ¡Ahhhh! ¡Pero tú no eres el bailarín! No, yo soy el otro... ¡Subid que os llevo! ¡Qué aún os queda buen trecho y voy en esa dirección.
Duclack: - ¡¡¡Gracias!!! Y decías que ya estábamos cerca...
Sebatián: - Jeje... No os quería desanimar...
Severiano: - Tú eres el que estaba novio con la Juani.Sebastián: - Sí...
Severiano: - A esa y a su familia les ha gustado siempre más el dinero que a un tonto un caramelo. Yo le eché los tejos a su abuela y me dijo que sí un día y al día siguiente salió a la puerta y me dijo que no... No le convine, se ve... Jojojojojo...
Severianos: - ¡¿Vais bien ahí atrás?!
Duclack y Pradito: - ¡Sííí!
Severiano: - Bueno, ¿y ahora estás novio? Me lo dijo tu abuelo que te iba muy bien en la ciudad...
Sebastián: - Sí, no me va mal...
Severiano: - Se ve muy buena moza, ¡Ehhhh,! (guiñándole el ojo) Jojojojo... ¿Y la niña quién es?
Duclack: - Es mi sobrina...
Severiano: - ¡AHHH! Ná, si yo es por dar conversación, que no creáis que me gusta enterarme por chinchorrear... Eso a las viejas del pueblo...
Duclack: - Ya...
Pradito: - Menudos saltitos da esto, voy a echar los Doritos...
Duclack: - Aguanta que ya nos queda poco... Yo cada vez que cogemos una piedra, me clavo una tabla en el culo... ¡Verás los moratones!
Pradito: - Jajajajajajaja
Severiano: - ¡Ya estamos en la granja de los Ciórraga! ¡SoooooOOOOOOOOOO, Luciaaana!
Sebastián: - ¡Muchas gracias por acercarnos, don Severiano!
CONTINUARÁ

























































































